martes, 9 de abril de 2013

LAS MUJERES Y LA SOCIEDAD COLONIAL DE SANTA FE DE BOGOTA 1750 – 1810


El Siguiente Trabajo Escrito tiene como finalidad presentar una reseña del interesante libro “Las Mujeres Y La Sociedad Colonial De Santa Fe De Bogotá 1750 – 1810” escrito por María Himelda Ramírez, trabajadora social con un magister en Historia de la Universidad Nacional de Colombia y Doctorado en Continuidad y Cambio En La Historia de América de la Universidad de Barcelona, este libro es publicado en Agosto del 2000 por el Instituto Colombiano De Antropología E Historia (ICANH) y constituye parte fundamental de las investigaciones realizadas por la autora al obtener su Magister en Historia. Esta Obra además hace parte de la colección Cuadernos de Historia Colonial Titulo VII del ya mencionado Instituto. ISBN: 9589682960 v. págs. 232





Personalmente debo decir que me pareció un texto interesante de leer y lleno de gran producción investigativa llevada a cabo por la autora en compañía de grandes colaboradores que le fueron de ayuda en su estudio como: Hermes Tovar Pinzón, Medófilo Medina (quien fue su Director de Maestría) Pablo Rodríguez, Alfonso Rincón, Marta Herrera Ángel entre otros destacados profesores en el ámbito de la historia que se estudia en Colombia. Además de estos María Himelda se documenta de archivos parroquiales en varias iglesias y educativos en el Colegio La Enseñanza de Santa Fe de Bogotá, además de recurrir al Archivo General de La Nación. 



El texto se divide en cinco capítulos, estructurados de la siguiente forma: 

Capitulo 1 Las Niñas en la Sociedad Colonial de Santa Fe de Bogotá 

Capitulo 2 Colegialas y Maestras 

Capitulo 3 Las Trabajadoras 

Capitulo 4 La Feminización del Conflicto Urbano 

Capitulo 5 Las Santafereñas en Tiempos de Enfermedad y Muerte 

A lo largo de todo el texto la autora presenta diversas perspectivas y campos de acción desde los cuales las féminas ejercían sus labores y indiscutiblemente un factor social notable aunque sin los reconocimientos que merecía, teniendo en cuenta el contexto en el cual trabaja, plena colonia en una ciudad de altos valores morales, religiosos y costumbres de antaño reflejada en su sociedad tradicionalista y cohibida de la exuberancia y liberación social que se empezaría gestar años después. Se aprecia además los intentos de instauración de la modernidad en la ciudad de Santa Fe y las formas en que las mujeres participaron en estos procesos o se resistieron a ellos. 

Santa Fe de Bogotá era por aquellos días una ciudad con una población que había rebasado los límites urbanos que se habían demarcado originalmente por los ríos San Francisco y San Agustín[1]. Era una ciudad poseedora de parroquias e instituciones educativas para sexo masculino. La apertura del Colegio La Enseñanza representa fundamentalmente una nueva visión de la mujer que empieza a educarse y formarse en una educación básica, es muy estrecha la relación entre la iglesia y el aprendizaje escolar que rige además una concepción que idónea féminas al servicio religioso y adoctrinadas a la fe católica. 



Según cifras presentadas en la página 23 del texto había un predominio de la población femenina frente al masculino, la autora aunque aduce que es probable que esta fuente haya podido quizá ser alterada y la diferencia no sea tan acentuada (59.05% mujeres frente a 40.94% hombres) afirma que esta relación debió darse por razones entendibles como la permanente inmigración de jóvenes indígenas para el servicio de las casas blancas y acomodadas.[2] Además de esta causa presente en la raza indígena se evidencia el posicionamiento de la ciudad como un polo importante de atracción para diversos grupos grandes poblacionales especialmente población femenina, en gran parte provenientes de sabaneras próximas, esto se constata en los padrones de indios y forasteros.[3] María H. Ramírez hace un exhaustivo trabajo investigativo en el cual presenta fichas a modo de cuadros en los cuales se perciben desde los modos de distribución poblacional, hasta composición de hogares, horarios de escuelas, oficios desempeñados por mujeres, promedio de personal femenino en trabajos, estados civiles, natalidad, defunciones e ingresos salariales de las mismas. 

La ciudad conservaba rasgos parroquiales, además de ser un escenario de conflicto social notable. La autora señala que la violencia en las relaciones interpersonales se manifestaba de manera cotidiana, tal como se observa en numerosas causas penales seguidas por injurias verbales, heridas y homicidios. De un modo u otro, citando a Beatriz Patiño Milán, “los tribunales se convierten en escuelas de comportamiento”.[4] Indudablemente no es sorpresa mencionar actos de violencia para con mujeres o en donde estas hacían parte de alguna forma en su mayoría pasivamente. 

En la ciudad se deseaba llevar a cabo un proceso de modernidad acorde al estilo de ideas de la ilustración, este era propulsado por los funcionarios coloniales, se ideaba un modelo de buen gobierno, basado en principios de orden, legalidad, progreso y poblamiento. Una de las formas viables a esto fue incentivar el control de sectores populares y una nueva feminidad, abriendo cárcel para mujeres y oportunidades de empleo para féminas en sitios como hospicios reales, beneficencias, centros de salud y como maestras de escuela. 



Durante gran parte del Primer Capítulo del libro, titulado: Las Niñas en la Sociedad Colonial de Santa Fe de Bogotá, se percibe claramente por parte de María Himelda Ramírez el hecho de plantear las relaciones que se dan entre la infancia y la sociedad local, adentrándose en temáticas como el bautismo y su utilidad mas allá de su fin espiritual de salvaguardar el alma a una forma de control civil, donde mediante una partida de nacimiento, se constata residencia, nivel social y detalles en los que se incumbe el hecho de ejercer a tal servicio eclesiástico, de esta forma se da lo que la autora llama el ritual entre la protección divina y la diferenciación social.[5] Otro elemento destacable aquí es mencionar ese objetivo social que buscaba la protección a la vulnerabilidad de las niñas tanto por la familia como la sociedad misma. Es quizás en parte este anterior punto uno de los que motiva que se creen nuevos discursos en pro de la escolarización infantil y se dé el planteamiento de una nueva ideología. Otro punto a destacar aquí es la visión del matrimonio y familia que se da partiendo de un ideal monogámico religioso donde la principal función de la mujer es reproducirse.[6]

En El Segundo Capítulo titulado: Colegialas y Maestras, la autora se ocupa de adentrarse en las condiciones por las que se designa e instituyen estos dos nuevos oficios para las neogranadinas. Claramente el hecho de que este acto ilustrado se diese fue vital en el desarrollo de una ciudad que se encaminaba al llamado progreso. Fue Este Proyecto Ilustrado constatado en la historia del Monasterio La Enseñanza y apoyado por la Real Audiencia, los cabildos y el virrey.[7]Dentro de esta escuela se llevo a cabo diversos procesos, desde un aislamiento del mundo exterior, hasta fuerte disciplina y un desarrollo del mundo interior de las chicas, todo este régimen seguía el modelo europeo de escolarización de la época y a cada maestra se indicaba la forma rígida en que debía impartir su cátedra, basándose en aspectos religiosos y de respeto al estado.[8] La Autora señala que la escolarización femenina significo nuevas formas de control y uso del tiempo que las libraban del ocio y encaminaban a caminos más santos y socialmente aceptados. 

El Nacimiento de la Mujer Burguesa puede haberse dado finalmente como correspondencia a todo este proceso de ilustración. La Mujer debía poseer recogimiento, piedad, moderación, laboriosidad coherentes en orientación hacia la vida de hogar, matrimonio, maternidad, todos estos prescritos como ideal de mujer correcta. 



Adentrándose al capítulo tercero del texto titulado: Las Trabajadoras, María H. Ramírez trata las estrategias de sobrevivencia de las féminas en la santa fe colonial, frente a las formas de integrarse a las actividades productivas. La intervención femenina como contribución a todo el desarrollo de la economía local, pese a las barreras gremiales y otras restricciones. Presenta situaciones específicas como: trabajo domestico, casa de niños, hospicios reales e instituciones de asistencia social en las que la mujer adquiere un valor notable dentro del pequeño comercio y una presencia vital. 

Mediante fichas a modo de cuadros, la autora presenta los rangos salariales de las mujeres residentes en santa fe en plena época colonial de su estudio. En los cuadros se evidencia el bajo salario femenino frente al masculino, en su estudio ve que solo una trabajadora devengaba más de cuarenta pesos anuales.[9]



En El Cuarto Capítulo del Libro, que lleva por nombre: La Feminización del Conflicto Urbano, se muestra como se da una aparente feminización de la pobreza y un desorden urbano reiterado y constante. Es claro señalar que a Santa Fe como capital del Nuevo Reino llegaron gran cantidad de inmigrantes procedentes de diversas zonas que veían en esta, posibilidades de mejorar sus estilos de vida, no obstante la ciudad presento crisis económicas en las que también se dieron procesos de emigración.[10]

Aunque en algunos casos las mujeres trabajadoras en la ciudad se beneficiaban al recibir salarios mayores a los de hombres y otras mujeres en el campo, esto no era fundamento para tener una gran economía personal. Algunas personas debían tener permanencia forzosa en la ciudad por diversos aspectos desde cárcel hasta razones variadas, había mujeres desde divorciadas hasta viudas que debían tener una atención especial de la iglesia y una mirada social. Un fundamento económico femenino que se ve en este capítulo es las chicheras, mujeres que se desempeñaban vendiendo la popular bebida a base de maíz. 

La Autora señala que se da un contraste entre el mundo pensado por poderes y realidades concretas de mujeres, su presencia en el ambiente de tensión y conflicto en la ciudad. Se da una transgresión del orden citadino atribuido a las forasteras pobres, divorciadas e inclusive viudas y las ya mencionadas chicheras. De Esta forma se percibe una estigmatización de sectores de la ciudadanía, es así como las autoridades municipales idearon sistemas sofisticados de control sobre aquellas mujeres.[11]



El Capitulo final del Texto, titulado: Las Santafereñas en Tiempos de Enfermedad y Muerte presenta diversos aspectos del modo en que la sociedad de la época miraba la enfermedad y muerte y más aun desde una visión femenina. Se muestran tensiones entre el saber medico y el saber popular tradicional, como caracterización de la historia de la higiene pública. Se Evidencian Casos específicos como el desplazamiento de las parteras por los cirujanos, la utilidad de diagnósticos y terapéuticas definidas para tratar afecciones de las mujeres se sexuaron, además de temas como el hacinamiento, promiscuidad, hábitos insalubres, como costumbres del común en la sociedad local. Además tradiciones como enterrar difuntos en iglesias y conventos. La función cuidadora generizada por la tradición colonial persistía favorecida por el hecho de la proximidad femenina a enfermos y moribundos en un periodo en el que es claro saber que se sanaba o moría en casa. La visión de mujeres esposas, nodrizas y servidumbre como atendedoras preferenciales a enfermos en etapas criticas y convalecencia, muerte o de duelo. Aquí María H. Ramírez presenta indicios de causalidad de mortalidad en la población fémina santafereña. Para esta investigación la autora se nutre de los archivos de varios hospitales como el San Juan de Dios entre otros.[12]

La Omnipresencia de la muerte en la sociedad de santa Fe obligaba a las gentes a verle como un elemento natural, sujeto a la voluntad divina, la autora hace énfasis en hacernos entender como la Figura femenina asimilaba este hecho en una sociedad de cultura machista.[13]Además de presentar esto se perfila claramente como el factor económico en vida se manifiesta también en el estilo y forma de entierro y oficios fúnebres, destacando además que era más alto el número de defunciones de mujeres que de hombres esto ligado a epidemias como la viruela de 1756 y su segunda fase entre 1782 y 1783.[14]

Así pues, aludiendo a Norbert Elías, la autora señala que “Se Muere como se Vive” en esta época llena de problemáticas sociales ligadas a elementos culturales y tradicionales. 

Finalmente es importante señalar que este texto adquiere gran connotación en los estudios femeninos en la colonia que se deseen llevar en el país y en gran medida constituye un aporte valiosísimo a los estudios de género. Presentando desde aspectos religiosos hasta culturales y sociales en los que la mujer viene a ocupar un lugar interesante para estudiar y analizar contextualizando en la época en la que nos encontramos estudiando, la colonia en la Nueva Granada de 1750 a 1810. 

Realizado por: Abimelec Velasquez




[1]RAMIREZ, María Himelda, Las Mujeres y la sociedad colonial de Santa Fe de Bogotá 1750-1810, Instituto Colombiano de Antropología e Historia, 1 Ed.  Santafé de Bogotá, 2000.  p. 21
[2] RAMIREZ, María Himelda, Las Mujeres y la sociedad colonial de Santa Fe de Bogotá 1750-1810, Instituto Colombiano de Antropología e Historia, 1 Ed.  Santafé de Bogotá, 2000. p. 21 p. 23-25

[3] Ibíd., p. 25
[4] Ibíd., p. 29
[5] Ibíd., p. 41-46
[6] Ibíd., p. 74-76
[7] Ibíd., p. 78-82
[8] Ibíd., p. 86-91
[9] Ibíd., p. 126-128
[10] Ibíd., p. 141
[11] Ibíd., p. 167-170
[12] Ibíd., p. 181-183
[13] Ibíd., p. 188-191

[14] Ibíd., p. 192




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