miércoles, 7 de septiembre de 2016

COMO HACER VISIBLE EL PENSAMIENTO COMPLEJO DE EDGAR MORIN CON NIÑOS Y NIÑAS DE PRIMERA Y SEGUNDA INFANCIA



Como un destacado filósofo y sociólogo francés, Edgar Morin ha desarrollado estudios relaciones con una notable variedad de temas, sin embargo su fundamento se orienta en hablar del pensamiento complejo que ha sido su tema insignia y que ha permitido que su paradigma sea estudiado, analizado e integrado en un cumulo de bases educativas que se afirman en el entendimiento y aprendizaje de una forma más amplia, incluyente y que permita un desarrollo del conocimiento encaminado a ir a por más, todo lo anterior anexando el contexto y el devenir de los hechos de los cuales se estudia, es decir una educación que no se conforme con lo poco sino que tome cada tema desde una óptica más amplia.



El pensamiento complejo de Morin se argumenta con base en la multidisciplinariedad e integridad de diversos conocimientos para que los análisis sean más amplios, teniendo en cuenta técnicas, formas de articular y puntos de vista que nos ayudan sin lugar a dudas a reorientar lo aprendido en un concepto más exhaustivo, total y sobre todo crítico.



En sus palabras Morin nos dice: “Nunca
 pude,
 a
 lo
 largo
 de
 toda
 mi
 vida,
 resignarme
 al
 saber
 parcelado,
 nunca
 pude
 aislar
 a
 un
 objeto
 de
 estudio
 de
 su
 contexto,
 de
 sus
 antecedentes,
 de
 su
 devenir.
 He
 aspirado
 siempre
 a
 un
 pensamiento
 multidimensional.
 Nunca
 he
 podido
 eliminar
 la
 contradicción
 interior.
 Siempre
 he
 
 sentido
 que
 las
 verdades
profundas,
antagonistas
las
unas
de
las
otras,
eran
para
 mí
 complementarias,
 sin
 dejar
 de
 ser
 antagonistas.
 Nunca
 he
 querido
reducir
a
la
fuerza
la
incertidumbre
y
la
ambigüedad”.



Para fines de este texto objetaremos ahora lo entendido alienado a los niños y niñas de primera y segunda infancia. Para Morin es claro que la forma en la que educamos es crucial a la hora de entender incluso nuestro propio contexto y las maneras sobre las cuales se afirma lo aprendido y nuestra vida. La primera y segunda infancia están necesitadas de gran cantidad de sapiencias que se deben ir formando a lo largo de su crecimiento sin dejar nunca de lado el entender que todo lo que aprendemos siempre está ligado a otro concepto e ideales más amplios que a su vez se articulen y hacen que nos demos cuenta que es necesaria la multidisciplinareidad pues nada en esta vida es independiente de lo otros siempre se unen en una y otra manera.



Como indica la profesora Paulette
Barberousse 
investigadora
del
CIDE‐Universidad
Nacional de Heredia en Costa
Rica: “Ante
 lo
 que
 consideró
 la
 crisis
 del
 paradigma
 occidental
 de simplificación
 y
 disyunción,
 basado
 en
 la
 reducción
 y
 separación
 de
 los
 saberes,
 Edgar
 Morin
 planteó
 la
 emergencia
 de
 un
 nuevo
 paradigma
 de
 la
 complejidad,
 el
 cual
 intentaría
 articular
 y
 contextualizar
las
culturas
científicas,
las
culturas
de
las
humanidades
y
las
culturas
artísticas.
 Para
 llevar
adelante
 tal
 propósito,
 se
 basó
en
 la
 integración
 de
 ideas,
 conceptos
 y
 nociones
 provenientes
de
diversas
fuentes
teóricas. El
abordaje
de
la
complejidad
ha
requerido
de
la
resignificación
dialéctica
y
creativa
del
legado
 de
dichas
 teorías
en
una
nueva
síntesis
que,
al
mismo
 tiempo
que
las
integra,
las
eleva
a
un
 nivel
cualitativamente
distinto
y
original”.



En Los siete saberes necesarios a la educación del futuro, publicado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, 1999, Edgar Morin propone siete saberes “fundamentales” que la educación del futuro (diríamos que el futuro ya ha llegado) debería tratar en cualquier sociedad y en cualquier cultura, según sus propias palabras.



1. La ceguera del conocimiento, el error y la ilusión: Es preciso asumir un conocimiento del conocimiento, inspeccionar su naturaleza para no caer en el error y la ilusión.

2. Los principios de un conocimiento pertinente: Es importante buscar tener un conocimiento capaz de abordar los problemas globales y fundamentales para asentar allí los conocimientos parciales y locales. O como se diría más claro es ineludible ir de los mas grande a lo más chico para comprender mejor las cosas.

3. Enseñar la condición humana: La condición humana debe ser objeto esencial de cualquier educación.

4. Enseñar la identidad terrenal: Morin considera oportuno enseñar la historia de la era planetaria para entender mejor las dinámicas sobre las cuales los seres humanos gestamos nuestros problemas históricos.

5. Enfrentar las incertidumbres: establecer principios para enfrentar estratégicamente los riesgos, lo inesperado, lo incierto. 

6. Enseñar la compresión: El desarrollo de la comprensión demanda una reforma de las mentalidades. 

7. La ética del género humano: La educación debe dirigirse a una “antropoética” teniendo en cuenta la trilogía de la condición humana, individuo-sociedad-especie. 



Pareciese que estos siete puntos presentados antes sean instruidos para personas de edades adolescentes, jóvenes o mayores pero curiosamente estos siete puntos son vitales para la primera y segunda infancia que deben ser instruidos en estos puntos, en este momento hallamos inmediatamente la relación entre el pensamiento complejo y la infancia puesto que es necesario que este tipo de aprendizaje llegue a sus edades para que sean formados de una forma más analítica, integra y amplia, que entienda sus necesidades pero que también busque formas de que estas sean cubiertas. Este sentir es notable en Morin y su paradigma pues muy importante entender que este tipo de aprendizaje no es ajeno a los niños, todo lo contrario es decisivo para su formación desde etapas tempranas. Saber adaptarles a este nuevo tipo de aprendizaje es trascendental, puesto que mejora su discernimiento, su comprensión e incluso intuición pues están más cerca de su contexto y experiencias cercanas que coadyuvan siempre a su educación integral, abierta, amplia y critica. Para muchos esto representa una verdadera reforma educativa en la cual todos estos tipos de acceder al conocimiento sean tenidos en cuenta y que a cada uno le sea dado un lugar igualitario y considerable. Es puntual recordar en este momento que los niños viven una etapa fundamental para su formación pues están en unas edades en las que suelen absorber en gran medida lo aprendido y su racionamiento se expande. La primera y segunda infancia debe ser abierta a comprender su entorno, a entender desde lo básico su cerebro, su cuerpo y su mente y de acuerdo a su edad que sepan apropiarse de herramientas que les beneficien en su crecimiento y permitan llegar a un conocimiento receptivo y amplio.





Para finalizar cabe resaltar que esta teoría de Morin ha vivido también una notable cantidad de críticas que la ven como una experiencia utópica o fuera de lugar puesto que consideran que se afirma en deseos de intelectualidad que siempre serán debatibles. La integridad de la exactitud de las matemáticas con la heterogeneidad de las variedades que ofrecen las letras hace visible este dilema pero la finalidad de este texto no ha sido exponer esa crítica sino enfatizar el paradigma de Morin a la experiencia educativa de la primera y segunda infancia.






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