sábado, 30 de agosto de 2014

BALANCE HISTORIOGRÁFICO GUERRA DE LOS SUPREMOS

Hola amigos, hoy comparto con todos ustedes un balance historiografico realizado por mi sobre uno de los puntos mas curiosos de la historia de Colombia, una guerra especial por su contexto y que nos ha dejado con tantas cosillas por aprender. Aqui vamos...



TEXTOS BASE

- Francisco Zuluaga. La Guerra de los Supremos en el suroccidente de la Nueva Granada. En: Las guerras civiles de 1830 y su proyección en el siglo XX. Bogotá, Museo Nacional de Colombia, 2001 pp. 17-36

- Fernán González, "Las guerras en torno a la definición del sujeto político", en Fernán González, partidos, guerras e iglesia en la construcción del Estado Nación en Colombia (1830-1900), Medellín, La Carreta Eds., 2006, pp. 25-36

- Fernando Botero, "Competencia por el poder y guerra de los Supremos", en Fernando Botero, Estado, nación y provincia de Antioquia. Guerras civiles e invención de la región, 1829-1863, Medellín, Hombre Nuevo Eds., 2003, pp. 99-133

La guerra de los supremos como hoy sabemos ha sido estudiada y analizada como un evento para muchos historiadores injustificado por la base de la cual se desencadenó. El siguiente trabajo busca presentar entonces el pensamiento historiográfico que se ha realizado sobre este hecho en la historia de Colombia. Una guerra que sin duda deja estudios y escritos interesantes sujetos no solo a su aparición si no a su contexto y previos sucesos.


Francisco Zuluaga precisa que esta guerra tiene cinco aristas o fundamentos sobre las cuales es vista. Cada una de estas cinco apreciaciones se insertan a puntos de vista sobre los cuales se considera se dio este conflicto: 

1. Guerra entre militaristas y civilistas

2. Enfrentamiento entre federalistas y centralistas

3. Transición necesaria entre la independencia política de España y la revolución social anticolonial de mediados del siglo XIX

4. Guerra de clases

5. Guerra personal entre José María Obando y Tomás Cipriano de Mosquera

Cada uno de los cinco puntos anteriores es entonces una opción que algunos acogen como predominante sobre las demás o principal.

Zuluaga cita a German Colmenares cuando este afirma que para muchos historiadores esta es la más injustificada de las muchas conmociones que presenció el país en el siglo XIX.[1] A partir de esto Zuluaga matiza y propone reconsiderar esta no justificación teniendo en cuenta además del estudiar si alguna guerra es justificable, el apreciar la situación del país para la época.[2] La inconsistencia entre la institucionalidad republicana, las ideologías promulgadas y las realidades socioeconómicas vividas vienen a ser sin duda puntos clave que Colmenares destaca y Zuluaga trae a colación.[3]

El autor del capítulo “Competencias por el poder y guerra de los supremos”  Fernando Botero es de todos los estudiados el que más ahonda en el contexto y profundiza sobre las bases de una guerra que en definitiva no fue solo una ofensiva a favor de la religión, si no todo un aparataje tanto ideológico como social que buscaba hacer frente al gobierno de Márquez, presidente del país para la época. Hay que dejar muy claro que pese a que en esta guerra se consolidaron las separaciones de pensamiento político que dieron lugar a la aparición de los dos partidos tradicionales de Colombia: el liberal y el conservador no se le debe adjudicar de forma clara la creación de ambos a este evento debido a que la línea de continuidad que comúnmente presenta los designios políticos no fue consecuente.[4] Así pues Bolívar no da inicio al partido conservador y Santander al Liberal aunque por obvias razones sabemos que  podrían ser considerados antecedentes notables para la ejecución de los mismos.[5]


El fraccionamiento regional existente en el país condensa de gran forma otra de las causales para que esta guerra se diese de la forma tan particular como se dio. Así pues José Ignacio de Márquez, Juan José Neira, Pedro Alcántara Herrán y Tomás Cipriano de Mosquera formaron la parte oficialista mientras José María Obando, Vicente Vanegas, José María Vezga Santofimio, José María Tadeo Galindo, Manuel González, Juan José Reyes Patria, Salvador Córdova, Francisco Javier Carmona, Santiago Mariño, Juan Antonio Gutiérrez de Piñeres y Tomás Herrera los supremos. El hecho de que en Diciembre de 1840 regiones del país estuviesen a favor del gobierno como las cuatro de: Bogotá, Neiva, Buenaventura y Chocó, cuatro más parcialmente en manos de los rebeldes: Cauca, Pasto, Popayán y Mariquita y doce con dominación de los rebeldes: Panamá, Veraguas, Cartagena, Santa Marta, Riohacha, Mompox, Socorro, Pamplona, Tunja, Vélez, Casanare y Antioquia hizo que las dinámicas tanto de un bando como de otro propiciarían el control de sus zonas y la búsqueda de ampliar el poder.[6]


El que Pasto fuese santanderista y Obandista fue el golpe que concentro la guerra en el sur que como ya sabemos de formas bastante interesantes llego a todo el país, en las zonas del sur ya existían guerrillas, especialmente en Patía y Pasto, con esta apreciación podemos entonces afirmar que la guerra no fue una casualidad si no un preciso momento del cual se estaba esperando el momento exacto para tomarle de excusa y comenzar la beligerancia. Fernando Botero resalta entonces que la rebelión del sur que en un inicio estaba circunscrita a un espacio territorial del país, se generaliza pronto a prácticamente todo el territorio nacional a causa del manejo inapropiado que el gobierno le dio al conflicto inicial.[7] El presidente de Ecuador, general Flórez aprovechó el momento enérgico en pasto para proponer restablecerles sus conventos agregándoles al territorio de su país, acto rechazado por el Padre Villota, líder religioso en esta región.[8] Obando era el caudillo militar del liberalismo una vez desaparecido Santander.


Como sabemos Obando convenció a Santander de aprovechar el conflicto en el sur y tomarlo a su favor para ir en contra del gobierno de Marquéz. Cuando Obando es acusado del asesinato del mariscal Antonio José de Sucre despierta solidaridad de otros caudillos regionales, por mencionar algunos: Salvador Córdova (importante para entender el conflicto en Antioquia), José María Vezga y Manuel González, estos antiguos compañeros de armas de Obando contra la dictadura de Rafael Urdaneta . Fernando Botero nos cuenta además la historia de un duelo hecho entre Obando y Tomas Cipriano de Mosquera quien le acusaba según el injustamente de estar inicialmente propagando el caos en Pasto, finalmente el duelo termina en una “leal amistad” luego de que fallaran los intentos por agredirse físicamente. Como sabemos Obando se entrega para demostrar su inocencia, para luego legitimarse como “protector de la religión del crucificado” y seguir contundentemente con su oposición al gobierno siendo liberal en bandera de la religión, algo que a Fernando Botero le produce curiosidad, tanto por ser liberal y enérgico defensor de la religión, aunque esta pudiese ser su forma de atraer a las masas hasta llamarse: “general del ejército restaurador”.[9]


En zonas como el valle del cauca la guerra no se fundamentó como en pasto en la situación de suprimir los conventos con menos de ocho religiosos si no que se articuló además a otros parámetros como el deseo de libertad de los esclavos y su seguridad, esta agitación social generada en esta zona trae una nueva idea sobre toda la guerra cuando vemos que adquiere el status de ser la salida a los problemas del populacho, situación parecida sucede en Antioquia que para la época de cuando María Martínez de Nisser escribe su diario de la guerra está aparentemente, totalmente en contra de Obando y sus gentes. De Nisser muestra su sentir patriótico (curioso en la zona de Antioquia cuando según Botero el valor regional pareció en muchos momentos superar al nacional)
Esta liga esterminadora contra el actual gobierno, se creé autorizada para seguir la senda que les trazó su finado cabecilla (habla de Santander); i para vengar las justas persecuciones de su hijo primojénito (es decir Obando), dando á la ves por pretesto faltas quiméricas del actual Presidente, á quien no tienen por lejítimo cuando ia dentro de poco va á terminar su periodo; pero cuando se quiere hacer males, pretestos nunca faltan. El personaje cuia causa defienden i cuia venganza es el norte de sus desatinos, poco honor hace á su partido. […]
¡Antioquia triste i aflijida! en otra ocasión sentisteis los pesares i el luto de una rebolucion, tambien capitaneada por un Córdova..¡cuando cesaràn tus males! I ¿ese Córdova con quien quizo medir sus talentos áquel, i con quien empuñó su espada, jurando la destrucción del tirano…..? ¡Ingrato! Ese que tu llamas tirano, era tu bienhechor, el inmortal Bolívar![10]


El autor de: “Las guerras en torno a la definición del sujeto político” Fernán González precisa que: el motín popular contra la supresión de los conventos locales de Pasto es solo un punto del crecimiento del conflicto, él le relaciona más con las luchas entre el clan de los Mosquera contra el grupo de Obando en pro de la hegemonía política del Cauca y luego con los enfrentamientos entre santanderistas y marquistas a nivel nacional.[11] En contraste con ello Zuluaga nos deja abierta su opinión en cuanto presenta las cinco aristas presentadas al inicio de este escrito, sin embargo es muy enfático en declarar que: “los principales autores de la revolución (es el único autor leído en utilizar este término) no son fanáticos, se han valido del nombre de la religión y se han apoderado del bestia Villota y de los frailes para llevarla a cabo.”


El escalafón socioeconómico logró importancia cuando vemos que el partido ministerial (gobierno) según palabras de María Martínez de Nisser en Sonsón, Antioquia estaba conformado por la gente decente, pues la plebe pertenecía a la facción. De Nisser hablaba además del temor de que Córdova (caudillo en Antioquia defensor de Obando) se había armado con su partido para defender la religión pero con deseos de quitarle los bienes a los ricos y dárselos a los pobres, además de esto Córdova en Antioquia anunciaba que se les aumentarían sus jornales y serian mejor pagados, esta era la razón por la que según María “toda esa jente ignorante, ha abrazado ciegamente ese odioso partido.” En este punto notamos un nuevo punto a tener en cuenta y es el mejoramiento socioeconómico de la gente del pueblo propuesta por los afines a Obando y que se vociferaban por Córdova en Antioquia.

Fernán González destaca la tensión étnica y social como un punto notable teniendo en cuenta la zona en la que se desencadena donde existían además de esclavos núcleos con gran cantidad de indígenas, es decir el tinte social a favor de las gentes es importante para el momento en que se adhieren a Obando, caso semejante resalta María de Nisser en Antioquia quien enojada mostraba en su diario como el populacho ciegamente seguía a Obando por sus promesas de mejorar sus vidas.[12] Zuluaga por su parte resalta además el precedente de la guerra sobretodo en el valle del cauca para la abolición de la esclavitud años más tarde, en 1852. En sus propias palabras “fue el telón de fondo” para la futura abolición.[13]


Zuluaga nos trae además una de las opiniones más interesantes de todo este suceso. Demuestra que las instituciones e ideas que triunfaron en el corto plazo en esta guerra, es decir las que tuvieron el ejercicio inmediato del poder fortalecieron a los derrotados al punto que a mediano plazo los inicialmente vencidos se convirtieron en los triunfadores definitivos. Un ejemplo muy claro es el siguiente: Mosquera venció a Obando, y los ministeriales vencieron a los Supremos. Pero pasados los doce años de los gobiernos de Marquez, Herrán y Mosuqera, se impusieron los seguidores de Obando a través de la elección de José Hilario López para la presidencia. Imponiéndose además decisiones y trasfondos, acordes al pensamiento santanderista y en los seguidores de Obando.


Zuluaga declara además que pese a ser una guerra a primera vista absurda e inútil, hay dos puntos que quedaron presentes. El primero que en el suroccidente del país fue la confrontación inicial de esclavistas y las castas de todos los colores y el segundo punto notable que sirvió de partida para la definición de criterios partidistas que posteriormente llegarían a constituirse en los dos partidos tradicionales del país.[14] Fernán González agrega sobre este punto que: “uno de los resultados mas notorios de la guerra fue el surgimiento y consolidación de los imaginarios políticos, contrapuestos en un juego de imágenes y contra imágenes que servían para la identificación de los amigos como para la estigmatización del enemigo.”[15]


Es decir, en definitiva el precedente de la abolición eslcavista y de los dos partidos políticos tradicionales del país constituyen juntos la clave final que dejaría para la posteridad la guerra de los supremos, curiosamente el tinte religioso que le dio inicio no representa finalmente para ninguno de los autores leídos un punto crucialmente importante frente a los dos ya mencionados, además de esto todos concuerdan en señalar que esta es sin duda es una guerra desatinada.




[1] Francisco Zuluaga. La Guerra de los Supremos en el suroccidente de la Nueva Granada. En: Las guerras civiles de 1830 y su proyección en el siglo XX. Bogotá, Museo Nacional de Colombia, 2001 pp. 19
[2] Ibíd., pp. 17
[3]  Ibíd.
[4] Fernando Botero, "Competencia  por el poder y  guerra de  los Supremos", en Fernando Botero, Estado, nación y provincia de  Antioquia. Guerras civiles e  invención de la región, 1829-1863, Medellín, Hombre Nuevo Eds., 2003, pp. 104
[5] Ibíd.
[6] Francisco Zuluaga. La Guerra de los Supremos en el suroccidente de la Nueva Granada. En: Las guerras civiles de 1830 y su proyección en el siglo XX. Bogotá, Museo Nacional de Colombia, 2001 pp.30
[7] Fernando Botero, "Competencia  por el poder y  guerra de  los Supremos", en Fernando Botero, Estado, nación y provincia de  Antioquia. Guerras civiles e  invención de la región, 1829-1863, Medellín, Hombre Nuevo Eds., 2003, pp. 114
[8] Ibíd., pp. 110
[9]   Fernando Botero, "Competencia  por el poder y  guerra de  los Supremos", en Fernando Botero, Estado, nación y provincia de  Antioquia. Guerras civiles e  invención de la región, 1829-1863, Medellín, Hombre Nuevo Eds., 2003, pp. 114
[10] Ibíd
[11] Fernán González, "Las guerras  en torno  a  la definición del sujeto político", en Fernán González, partidos, guerras e  iglesia en la construcción  del Estado Nación en Colombia (1830-1900), Medellín, La Carreta Eds.,  2006, pp. 27
[12] Ibíd
[13]   Francisco Zuluaga. La Guerra de los Supremos en el suroccidente de la Nueva Granada. En: Las guerras civiles de 1830 y su proyección en el siglo XX. Bogotá, Museo Nacional de Colombia, 2001 pp.31
[14] Francisco Zuluaga. La Guerra de los Supremos en el suroccidente de la Nueva Granada. En: Las guerras civiles de 1830 y su proyección en el siglo XX. Bogotá, Museo Nacional de Colombia, 2001 pp.32-33
[15] Fernán González, "Las guerras  en torno  a  la definición del sujeto político", en Fernán González, partidos, guerras e  iglesia en la construcción  del Estado Nación en Colombia (1830-1900), Medellín, La Carreta Eds.,  2006, pp. 32-33



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