MARZO DEL VEINTE VEINTIDÓS

Tercer mes del año,
en una ágil temporalidad, 
una nueva semblanza, 
un nuevo textil sobre hilos finos
que manifiestan una alevosía 
cual aguja dañada en una 
máquina que cose sin pausa.

El tiempo no tiene compasión 
y sigue en su correría cómo niño 
desvalido sin juguete preciado,
cómo quien llora en la penumbra
y ríe en la mañana,
cómo quien está expectante
ante la soledad inocua e intempestiva.

Buscar la alegría como fuente de vida,
emocionar los días con garantía de validez, 
certificar las sonrisas y potenciar el regocijo,
pero también permitirse estar triste
para valorar los momentos felices
y creer en la audacia, la valentía,
el temple y el estímulo de la convicción,
aunque la inercia quiera decir: hola.

El no saber qué pasará mañana
activa el deseo de querer que todo vaya bien,
aunque no lo parezca.







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