LO QUE PERMANECE


El tiempo no camina,
susurra.

Se desliza por los bordes de las fotografías,
se esconde en las arrugas nuevas,
habita en los objetos que ya nadie usa
pero nadie se atreve a tirar.

Hay una silla vacía
que aún guarda la forma
de quien solía sentarse allí.
Hay una taza antigua
que sabe a conversaciones
que no volverán a repetirse igual.

El tiempo no hace ruido,
pero transforma.

Convierte risas en ecos,
veranos en recuerdos tibios,
promesas en caminos distintos
a los que imaginamos.

Y sin embargo,
no todo se pierde.

Hay cosas que permanecen
como raíces invisibles:
una enseñanza que vuelve
cuando más la necesitamos,
una canción que abre de golpe
la puerta de otro año,
un aroma que reconstruye
una casa entera.

Crecemos creyendo
que avanzar es dejar atrás.
Pero no es cierto.

Avanzar es llevar dentro
un archivo secreto de instantes,
un museo de abrazos,
un cuaderno sin páginas numeradas
donde cada experiencia
deja una huella leve
pero imborrable.

El tiempo nos cambia la piel,
nos cambia los sueños,
nos cambia las certezas.

Pero hay algo que resiste:
la esencia que aprendió a amar,
la mirada que aún se asombra,
la capacidad de empezar otra vez.

Quizá no podamos detener los días,
pero podemos habitarlos.

Y cuando miremos atrás
no veremos solo lo que se fue,
sino todo lo que quedó en nosotros
como luz guardada.

Porque el tiempo pasa,
sí,

pero lo verdadero
permanece.




Publicar un comentario

0 Comentarios