Este 22 de abril su servidor cumple un año más de vida. Revisando mis registros en el blog, no hacía un post sobre este hecho desde 2014 y me ha parecido curioso, sobre todo en un espacio virtual que lleva mi nombre, pero en el que comunico muy poco sobre mí persona. El paso del tiempo es ciertamente irremediable y trae consigo aprendizajes, pero también nuevos retos. Mi realidad no está siendo como algún día la soñé, aún hay proyectos por concretar, deseos que no han tenido realización y sueños que no están ni a mitad de camino.
Probablemente, si soy honesto, el Abimelec de la infancia estaría un poco triste y quizá hasta algo decepcionado porque su yo, de ahora 32 años, no ha visto manifestado en su existencia mucho de lo que anheló con ahínco y dedicación. Quizá me falte más firmeza, menos vergüenza y más atrevimiento. Ser más sociable, más extrovertido y carismático. Quizá sea un despropósito en muchos aspectos y quizá sea algo insuficiente en algunos rubros del pasado y presente. Pese a todo ello, me permito vivir con esperanza y con fe. Creyendo que puede que todo mejore y que poco a poco vaya hilando fino hasta superarme a mí mismo y lograr objetivos que me permitan ser más afín a ello que he querido y no se ha evidenciado.
Pese a todo me permito creer que todo ha pasado por alguna razón que resulta en enseñanza y como la moraleja al final de una historia naif. Quiero creer que el camino se ensancha, quiero creer que aún las posibilidades más remotas pueden ser presenciadas y que aún los más ínfimo puede ser apreciado. Quiero creer que en medio del caos de la realidad hay espacio para un entorno benéfico que cause certeza y genere una perspectiva más alentadora y menos decreciente, más optimista y menos fugaz, más fundamentada y menos insostenible, más vivaz y menos sombría.
Me permito agradecer por mi existencia, pero aún más por las personas amadas que dan algo de luz a mis vivencias. Me permito agradecer por lo que he pasado y alguna vez me causó dolor, me permito agradecer por lo que antes detesté, pero por algo ha sucedido. Me permito agradecer por lo que me causó zozobra, por lo que me causó temor y por lo que me generó sinsabores. Me permito agradecer por todo lo que he vivido en estos años juveniles que poco a poco dan paso a otra etapa. Hay estudios que anuncian que la juventud termina a los 32 años, otros más generosos amplían el grupo etario hasta los 34. Para algunos organismos, dicho concepto realmente concluye entre los 28 o 29 años. Sea cual sea el caso, ya estoy en un momento culminante de esa realidad o asentado en el grupo de los adultos que viven con algo de nostalgia por lo que ha pasado pero también por expectativa a lo que vendrá.
Ciertamente el tiempo corre sin pausa, no tiene piedad de nadie y vuela a todo furor como el avión más rápido del mundo, como cohete de misión espacial, como conversación diáfana con alguien cercano y especial, incluso con un desconocido. La vida se pasa demasiado rápido y segundo a segundo demuestra su destreza. Dios tenga piedad y su guía sea constante en nuestra existencia. Este es un nuevo cumpleaños en medio de una vida esperanzada.

0 Comentarios