MIS APRECIACIONES DESPUÉS DE TERMINAR LA LECTURA COMPLETA DE LA BIBLIA

El 28 de marzo del 2026 terminé de leer la Santa Biblia luego de siete meses consecutivos de lectura apacible y calmada (empecé en agosto del 2025). Dediqué algunas pocas horas de la tarde (entre 1 a 3 horas de lunes a viernes), permitiéndome releer lo que no me quedaba tan claro e indagar en terminología bíblica y contexto histórico de la misma para ahondar con mayor ahínco en cada pasaje. Debo reconocer que la lectura es fascinante y me ha traído paz y tranquilidad. Es como si cada minuto dedicado a revisar las Santas Escrituras traería a mí un entorno de plenitud, alegría y ganas de seguir en este bello hábito.


Si algo me ha quedado claro en esta lectura que he realizado en el orden tradicional de Génesis (Antiguo Testamento) hasta Apocalipsis (Nuevo Testamento) es que este no es un libro como los demás. No quiero aludir al emocionalismo para reforzar mis argumentos sino partir desde un punto algo más reflexivo. Aun así, recurrir al sentimiento en un estudio de este tipo no tiene por qué ser lejano, al fin y al cabo, se trata de uno de los libros más emblemáticos de la historia de la humanidad y el más traducido y vendido de todos los tiempos. Aunado a lo anterior, la carga espiritual que tiene lo hace un texto invaluable y sagrado para varias denominaciones religiosas cristianas.


Si me preguntasen sobre el mayor aprendizaje que he adquirido con esta lectura, mi respuesta se enfocaría en reconocer la fidelidad, amor, ternura y misericordia de Dios para con la raza humana. Ciertamente el Dios del Antiguo Testamento se muestra como Jehová de los Ejércitos, un ser todopoderoso, vengativo para con sus enemigos y fuego consumidor. Mientras, en el Nuevo Testamento, le vemos como un ser más amoroso, cercano al dolor y apacible. He apreciado que no se trata de seres distintos sino de un mismo Dios que presenta su carácter progresivamente a los hombres en tiempos distintos. No se trata de que en el Nuevo Testamento se aprecia más bondadoso, sino que siempre lo ha sido solo que nos revela dicha bondad en determinados contextos y situaciones de acuerdo a su voluntad para siempre enseñarnos algo con ello. Es decir, en Dios nada es adrede ni improvisado, todo tiene un plan preciso y una razón de ser.


En el Antiguo Testamento su presencia y acciones se enfocan más en el cumplimiento de la Ley, la justicia, la santidad y el apartarse del pecado. Por otro lado, en el Nuevo Testamento, sigue pidiendo santidad, justicia y apartarse del pecado, pero con un foco centrado en la Gracia mediante la redención y el sacrificio de Jesús en la cruz. Con la muerte y resurrección de Cristo se evidencia su amor y se manifiesta su perdón. Jesús paga el precio por los pecados de la humanidad siendo santo y puro. Dicho acto se convierte en un punto central de la sagrada escritura y tiene lugar para dar cumplimiento a un sinnúmero de profecías de las que se daba difusión desde el Antiguo Testamento.


Es precisamente en ese primer testamento que he podido analizar los constantes errores del pueblo elegido de Dios (los descendientes de Jacob, renombrado por Dios como Israel) y cómo él se mantiene fiel pese a sus iniquidades. Es como si se enfadase por su mal proceder, pero su amor es tan inconmensurable que lo mueve en misericordia para seguir teniendo piedad de ellos para mostrarles una vez más su camino y venidera victoria si se vuelven a él. Dicho pueblo prometido por el Señor a Abraham como una descendencia numerosa tiene como propulsor el nacimiento de su hijo Isaac con Sara. A su vez, Isaac tiene como hijos a Esaú y Jacob. Justamente de Jacob se establecen las muy reconocidas doce tribus de Israel que no son más que los linajes procedentes de sus hijos. Para ser más precisos son: Rubén, Simeón, Leví, Judá, Dan, Neftalí, Gad, Aser, Isacar, Zabulón, José (representado por sus hijos Efraín y Manasés) y Benjamín. Aunque técnicamente eran 13 descendencias, se agrupan en 12 ya que la tribu de Leví no recibió territorio propio al ser seleccionados para el sacerdocio.


Como muchos sabrán, en el periodo previo a la conformación de las tribus de forma oficial ocurre la entrada de este pueblo a Egipto gracias al ilustre cargo otorgado por el Faraón a José (Zafnat-panea o Safnat-panéaj) después de interpretar sueños que este tuvo con respecto a 14 años venideros, 7 de abundancia y 7 de precariedad. Al pasar de los años este pueblo es convertido en esclavo de Egipto y gracias al ímpetu dado por Dios a Moisés logran salir de este territorio y andan por el desierto por 40 años hasta lograr entrar a la tierra prometida de la que fluye leche y miel. Como es entendible, en este periodo, son los descendientes de quienes cruzan el Mar Rojo los que pueden entrar a dicho territorio. Sin embargo, esta generación sí logró recibir los 10 mandamientos que aún a día de hoy tienen preponderancia en el mundo cristiano y no cristiano.


Después de leer el Pentateuco y adentrarse más allá en el cumplimiento de la ley mosaica (conjunto de mandamientos, normas y preceptos religiosos y civiles que Dios entregó a Moisés para el pueblo de Israel) se evidencian una vez más divisiones dentro de los descendientes de Abraham después de adentrarse en la ciudad de Jericó al derrumbar sus murallas al marchar por ellas siete veces con Josué como líder. Algunos caen en la idolatría, se dejan llevar por los errores de pueblos vecinos que adoran a otros dioses e incluso se permiten dejar de creer en el Dios de Israel. Con el paso del tiempo Israel tiene jueces (como Débora o Sansón) y luego exige monarquía, teniendo a Saúl como su primer Rey, sucedido por el siempre recordado David y su hijo, el sabio Salomón. El tiempo pasa y con este vemos a la división del territorio en dos reinos, Israel en el norte y Judá en el sur, siendo los judíos más cercanos (usualmente, no siempre) a los preceptos de Dios y por ende se establece un respaldo mayoritario del Señor a su favor. En la genealogía de los reyes se cuentan algunas proezas de cada uno y se informa de su cercanía o lejanía al propósito de Dios con ellos para hacernos saber quiénes siguieron sus caminos y quiénes no.


Sobre lo que sigue hay mucho que decir, pero en pocas palabras podría resumirse en el florecimiento de muchos profetas que atestiguan lo venidero y la esperanza del pueblo elegido pese a batallas y momentos álgidos como la deportación o cautiverio babilónico orquestado por el rey Nabucodonosor II tras conquistar Jerusalén entre el 598 y el 582 antes de Cristo. También tienen lugar historias fascinantes como las de Jonás, Ester o Daniel, por solo mencionar tres. Finalmente, después de lo acontecido en Malaquías, último libro del Antiguo Testamento, tiene lugar el periodo intertestamentario, un lapso de aproximadamente 400 años en el que se da un "silencio", al menos en la escritura bíblica conocida y que a su vez funge como límite o separación entre ambos testamentos.


En el Nuevo Testamento, a través de Jesús, se nos enseña aún más del amor de Dios y su fidelidad con un sentido novedoso: el Verbo hecho carne. Jesús es la personificación de las profecías y pese a no ser recibido por muchos de los suyos como Mesías extiende sus enseñanzas no solo a ellos, sino también a otros pueblos. Los que en general son (somos) llamados "gentiles". Con la puesta en marcha de su doctrina y el establecimiento de los apóstoles y sus viajes misioneros se profundiza aún más en la labor altruista del evangelio en la que el mensaje es ofrecido a todos y no solo a los pertenecientes al linaje de las doce tribus.


Hay mucho más que decir y aquí podría estar horas y horas señalando múltiples elementos importantes de la Biblia que merecen ser señalados. Se trata de un libro único que nunca deja de enseñarnos y del que te animo a leer con una lectura completa de tu parte, y si ya lo has hecho, nunca está de más leerla una vez más. En mi caso seguiré dicho lineamiento y continuaré leyéndola por lo enriquecedora que es.


Gracias por llegar hasta aquí. Ahora dejo algunos datos técnicos que pueden ser de interés.


Versión de la Biblia que leí: Reina Valera 1960.

También leí los libros deuterocanónicos del Antiguo Testamento, reconocidos por la Iglesia Católica y la Ortodoxa, por ende no hacen parte de la Reina Valera 1960. Los mismos son: Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico (o Sirácida), Baruc, 1 Macabeos y 2 Macabeos. También leí los versículos adicionales que se pueden leer en estas versiones de los libros de Ester y Daniel.

También leí los libros apócrifos de 3 Macabeos, 4 Macabeos y 5 Macabeos que no son reconocidos por múltiples denominaciones, pero contienen información que puede resultar interesante.

Tiempo de lectura en general: Comencé a mediados de agosto de 2025 dedicando entre 1 hora (mínimo) a 3 horas (máximo) de lunes a viernes, dependiendo de lo denso del texto y la necesidad de relecturas y revisión de otras versiones como Dios Habla Hoy. En algunas pocas semanas profundicé también en sábados y domingos. Finalicé la tarde del sábado 28 de marzo del 2026.


Anotaciones: los libros deuterocanónicos pueden leerse en español gracias a la difusión de la Conferencia Episcopal Española en su sitio web. Asimismo, los apócrifos de 3, 4 y 5 de Macabeos pueden revisarse al completo gracias a Urantiapedia.

Anotación final: entiendo que para la población cristiana evangélica, entre los que me incluyo, la versión fidedigna de la Biblia más certera es la que contiene solo 66 libros (como la traducción Reina Valera 1960). Sin embargo, considero sumamente conveniente revisar y leer también los libros adicionales como los ya mencionados porque nos ayudan a tener una visión más amplia del texto aunque no sean tratados como palabra veraz o afín al canon protestante establecido.





  


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